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01.07.2011 por Eduardo Keegan
Cognitiva Conductual

Terapia cognitiva, o terapia cognitivo-conductual, es el nombre que se da a una familia de tratamientos psicológicos que nacen en la década de 1960, con dos grandes vertientes. En primer lugar, la terapia conductual de los trastornos de ansiedad, que obtiene algunos logros significativos en el tratamiento de algunos cuadros ansiosos (por ejemplo, fobia a animales), y en segundo lugar, la terapia cognitiva de la depresión, que obtiene un resonante éxito terapéutico, comparable en eficacia y velocidad al que obtenía la medicación antidepresiva. Las dos décadas siguientes vieron un creciente desarrollo de estas dos tradiciones, que terminaron confluyendo en los años 80-90 en la llamada terapia cognitivo-conductual.

Los modelos cognitivos conciben al hombre como un constructor de significados. La mayor parte de los recursos cognitivos -los recursos mentales con los que logramos comprender la realidad- no son innatos, sino que se construyen. La patología mental incluye modos de aprehender la realidad que generan problemas y sufrimiento a una persona. Por ejemplo, todos debemos aprender a ser cautelosos respecto de las intenciones de la gente. Pero si nuestra cautela se convierte en una convicción profunda sobre la mala voluntad de todos los que interactúan con nosotros pensaremos en forma paranoide. Todos tenemos que evaluar los peligros que nos acechan, pero si nos volvemos excesivamente sensibles al peligro la gente dirá que pensamos en forma ansiosa.

Las características de los modos patológicos de comprender la realidad son la rigidez, la idiosincrasia y la disfuncionalidad.

El origen de una forma patológica de ver una situación puede ser remoto. Una persona puede tener una visión negativa de sí mismo como producto de experiencias infantiles o adolescentes. Pero, a diferencia del psicoanálisis, esto no implica que siempre debamos hacer una reconstrucción del origen de una cognición para modificarla.

Por eso, en la terapia cognitiva la regla es que no importan tanto las situaciones en sí, sino el sentido que la persona les asigna. Como señalamos antes, las personas ansiosas ven amenazas por todos lados, las personas paranoides ven conjuras y malevolencia por todas partes. Si prestamos atención a las situaciones que disparan estas significaciones veremos que no difieren de las que enfrentan las personas que no están afectadas por estos problemas. La diferencia está en cómo esas personas reaccionan ante esas situaciones. Los terapeutas cognitivos, en consecuencia, le pedimos al paciente que “tome a sus pensamientos como hipótesis científicas que requieren investigación”. Esto no es fácil de hacer, ni para el paciente ni para nosotros, pero puede ser extraordinariamente liberador.

El objetivo global de una terapia cognitiva es que el paciente revise los significados que le han generado problemas históricamente y pueda aprender a ver la realidad desde una perspectiva no necesariamente distinta, sino más flexible.

En la terapia cognitiva, a única diferencia entre paciente y terapeuta este que el terapeuta tiene más experiencia en aplicar las habilidades para ser crítico con los pensamientos disfuncionales. En lo demás, se trata de una relación simétrica.

Los pacientes con pánico temen, equivocadamente, que las sensaciones (de ansiedad) terminen en un infarto. La primera pregunta con ellos es: ¿por qué no ha tenido el infarto hasta ahora, si las sensaciones han sido tan frecuentes? Si debatimos seriamente el temor del paciente con pánico, siempre hallaremos datos que muestran que este temor es infundado. El objetivo es debilitar la credibilidad de las ideas disfuncionales y aumentar la credibilidad de una forma alternativa de ver las cosas. Cuando un paciente cambia su manera de pensar, también cambian su conducta y su estado de ánimo.

Los pacientes deprimidos, por ejemplo, temen fracasar en todo lo que emprenden. Sienten desesperanza y dejan de intentar lograr objetivos. Si cambiamos su manera de pensar, no se sentirán decaídos ante cada nuevo desafío, su conducta será más proactiva (intentarán lograr lo que desean) y su ánimo será neutro o positivo.

Los pacientes con pánico temen a las sensaciones de ansiedad. Cuando el paciente se convence de que esas sensaciones no son peligrosas y que no preanuncian ninguna catástrofe, dejará de evitar las situaciones que las activan y volverán a la vida normal que tuvo antes de contraer el pánico.

Otro gran aporte de las terapias cognitivo-conductuales a la psicoterapia ha sido la introducción de las llamadas tareas inter-sesiones. La práctica concreta en el mundo real es usualmente indispensable para lograr un cambio duradero. La terapia cognitivo-conductual favorece el cambio experiencial, buscando activamente que el paciente experimente con su realidad de modo de desarrollar nuevos modos de comportarse y aprender cómo se siente actuar de un modo distinto, lo que nos lleva, necesariamente, a pensar distinto sobre nosotros mismos y nuestro entorno.

     
     
 
 
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