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14.10.2011 por Psicop. Adriana Delego
Memoria y Edad. Lo que Ud. querría saber.

El aumento de la expectativa de vida, debido a los avances de la  ciencia y en particular de la medicina  genera nuevos y apasionantes desafíos. Entre ellos resguardar la calidad de vida de los adultos mayores, favoreciendo que desempeñen un rol activo en nuestra sociedad y en su vida cotidiana.

 

Sin embargo algunos nubarrones oscurecen el horizonte en esta etapa vital. El temor a “envejecer mal”, a padecer alguna enfermedad invalidante, es el primer fantasma que aparece ante algún olvido que se repite o la imposibilidad de recordar algún nombre que se tiene “en la punta de la lengua”.

 

Los caminos de la memoria son tan amplios que pueden ser abordados desde distintos puntos de vista: médico, neurológico, psicológico, endocrinológico, pedagógico e incluso desde la biología molecular. Para despejar dudas al respecto desarrollamos las preguntas que Ud. querría hacer sobre el tema, a la Lic. Adriana Delego, miembro del equipo interdisciplinario del Centro Mayo. Aquí las respuestas a todo lo que queremos saber sobre la memoria.

 

¿Qué es la memoria?

La memoria es nuestra capacidad para registrar, retener y recordar posteriormente la información y las experiencias.  Los últimos  aportes de la  ciencia, revelan que no es una, sino varias conectadas a través de una red de sistemas.  La memoria es un sistema dinámico que se desarrolla y se modifica con el tiempo.”

 

Podemos dividirla en tres grandes sistemas:  La memoria sensorial es el breve registro y  procesamiento de la información recibida por los órganos de los sentidos ( visión, audición, tacto, propiocepción) que dura sólo algunos milisegundos. La memoria a corto plazo retiene la información que llegó mediante los sentidos durante un breve lapso. Esto nos permite dar una respuesta (memoria de trabajo) o pasar a la memoria a largo plazo que tiene capacidad ilimitada y retiene la información durante períodos que van de pocos minutos a varios años. Los recuerdos allí “almacenados” son procesados y podemos darles significado y contextualizarlos.

 

 

 “La memoria a largo plazo puede dividirse en diferentes      subsistemas más específicos:

 

La memoria procedural se refiere al ¿Cómo?  Recordamos como nadar, como andar en bicicleta, pero no podemos explicar como lo hacemos. Hablamos nuestro idioma materno, sin pesar en sus reglas gramaticales. Estas actividades se convierten en automáticas desde la práctica.

 

 La memoria declarativa el ¿Qué?  es aquella que compila datos sobre personas, objetos, lugares, eventos y de que ciertos hechos sean verdaderos o falsos. Dentro de ella ubicamos a la memoria autobiográfica que es la memoria sobre nuestra historia, la que nos da identidad como persona. También se la subdivide en memoria semántica (sobre conocimiento hechos generales) y episódica (codificada en tiempo y espacio)

 

           En tanto la memoria implícita es la evidencia de aquel conocimiento que guardamos sin ser concientes de ello. La memoria prospectiva alude al ¿Cuándo?  es la que nos hace recordar qué hacer y cuando hacerlo, en este proceso interviene la atención”.

 

  ¿Estaré perdiendo la memoria?

 

  “ En la práctica médica, muchas personas consultan a partir de una sensación subjetiva de pérdida de la memoria; en su mayoría con temor a padecer un proceso degenerativo como la enfermedad de Alzheimer; -que tiene alta prevalencia-, o al inicio de un deterioro de las funciones mentales superiores que derive en una demencia. Hay muchos mitos al respecto del envejecimiento.”

 

“En la realidad, vemos que la llamada “queja de memoria” puede tener diferentes motivos; puede ser desde una queja neurótica  hasta el comienzo de un deterioro significativo. No hay que olvidar que procesos como episodios depresivos pueden ocasionar anomalías en el rendimiento del sujeto, que imitan al deterioro cognitivo. Otras enfermedades como la disfunción de la glándula tiroides, la anemia, la acción de psicofármacos y los cuadros de trastorno del sueño, estrés agudo y crónico –éste último con merma de la atención- tienen como síntoma común la disminución de la memoria. De esto se desprende, la necesidad de la consulta oportuna, que indica a partir de una correcta evaluación los pasos a seguir.”

 

 

¿Qué evaluamos cuando evaluamos memoria?

 

“En nuestro caso en particular, realizamos una evaluación llamada neuropsicológica o neurocognitiva, que se caracteriza por un diseño especial que utiliza técnicas que nos permiten definir de forma clínica el estado de las capacidades mentales superiores de los pacientes, no sólo de la memoria.

 

En la práctica, partimos de una historia clínica pormenorizada, seguida de una entrevista estructurada con preguntas puntuales y luego la exploración de las distintas áreas: factores sensoriales y perceptivos, orientación, habilidades visuales, espaciales y gráficas, lenguaje, capacidad de ejecución, atención y concentración y por supuesto memoria. Las técnicas utilizadas son breves y de validez internacional (sus puntajes son compartidos)

 

La interpretación de los datos de la evaluación nos permite establecer el perfil particularizado del paciente, que es único y saber qué tipo de envejecimiento transita, ( exitoso, normal, con enfermedades asociadas) ya que hay nuevas estrategias  basadas en  estudios  científicos –farmacológicas y no farmacológicas- para retrasar el deterioro.

 

Una correcta evaluación contempla todos los factores que pueden incidir en un trastorno de memoria; distingue si el paciente presenta o no, un trastorno de memoria, en que grado, o si se trata de otra patología. Es fundamental que el diagnóstico sirva para poder establecer qué funciones están conservadas.  Si hay alteraciones, intervenir lo más tempranamente posible, mejorando no sólo las funciones de la memoria sino la calidad de vida del adulto mayor.”

 

 

 

¿Es posible activar o entrenar la memoria?

 

“Es importante señalar que si bien la disminución de las funciones cognitivas y de la memoria en particular, con la edad es normal, estudios internacionales indican que  hay mucha variación, no un “prototipo” de esa declinación. De allí el sentido de poder identificar en forma adecuada que tipo de asistencia y atención que necesita la persona. A su vez  esa declinación, se compensa con anticipación y experiencia. Respecto a los deterioros, Luria sostenía, ya en 1973 que el ejercicio de las funciones puede favorecer el establecimiento de nuevas conexiones neuronales.”

 

“Hay numerosos datos científicos que avalan la plasticidad cerebral o neuroplasticidad. Bajo el efecto de estímulos adecuados y constantes, el cerebro puede modificar favorablemente su estructura y su funcionamiento. Se ha comprobado que podemos tener esa propiedad tan maravillosa de las neuronas que es la plasticidad,  hasta edades muy avanzadas. Esa es la base sobre la que se fundamentan los programas de activación y estimulación cognitiva.”

     
     
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