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06.06.2011 por Lic. Marcelo Augusto Pérez
¿Por qué analizarse?
¿Por qué analizarse?
 
¿Por qué debiera consultar alguien a un analista? Vamos a decirlo de entrada: por su dolor. Su padecimiento, su queja, es lo que lo llevará a interrogarse, a preguntarse por qué ese asma no se cura con medicamentos y retorna de vez en vez; o ese granito vuelve a aparecer en el mismo lugar a pesar de la dermatología y de las buenas intenciones del vecino. O también por un dolor que se expresa en no poder dar la última materia de la facultad o en cierta separación ocurrida o por venir. Este dolor está representado -muchas veces y desde ya- a la manera de angustia. Esto quiere decir que nadie iniciará un análisis como un pasatiempo, como una moda, como un "quiero conocerme", o como una filosofía. No se trata de filosofar, de decir cosas "coherentes" o "inteligentes"; sino de expresar abiertamente el DOLOR a través de la palabra cotidiana, del lenguaje propio de cada uno, de cada parroquia (como dirá Freud en alusión al entendimiento de un chiste). Los pacientes preocupados por el "deber decir algo inteligente" en el consultorio, debieran saber que esa es la mejor defensa para no hablar de lo que hay que hablar; defensa comúnmente conocida como Racionalización o Intelectualización. 
Lo que se le pide al paciente es que hable. Ni siquiera que hable de él, o de ella. Simplemente que hable. Ya se verá de qué. Ahora bien; esto no quiere decir que alguien no golpee la puerta de un analista para "conocerse" o para "ver de qué se trata". Este comenzar a dudar de su dolor, de atribuirle otra-causa (que podríamos llamar psíquica) es el primer paso. Las Entrevistas Preliminares ( que pueden duran días o años ) intentarán colocar al paciente en posición analizante... Por otro lado, y siguiendo nuestra idea anterior, nadie iniciará un análisis para analizarse; sino para ALIVIAR un padecimiento. Este dolor lo llamamos Síntoma. Es por lo cual el sujeto entiende que hay algo que no marcha, que no funciona. Que está fuera-de-su-mundo; y que hay que sacarse-de-encima. Para iniciar un tratamiento es pues necesario un padecer, una pregunta. Ya antes de iniciarlo, el paciente le habrá dado a ese DOLOR un SENTIDO diferente al descubrir que puede estar vinculado con parámetros que van más allá de la medicina, o el tarot, o el curandero, o el consejo del vecino o de la tía. Muchas veces ese sentido viene del profesional médico. Por ejemplo es muy común que en los Hospitales, otros Servicios hagan la derivación al Psicólogo porque consideran que la causa sobrepasa lo orgánico. Sin embargo SIEMPRE es necesario que el paciente entienda que hay algo de su QUEJA que tiene que ver con él mismo y con su presente. [ Es un hecho frecuente creer que en una Terapia se hablará del pasado. Todo lo contrario: siempre es PRESENTE el verbo que se maneja, por más que el paciente esté contando algo de su pasado o intente armar su futuro. Siempre es el aquí y ahora de lo que se trata; y a través de su discurso: no estamos capacitados para juzgar sino para analizar en función de sus palabras. ] 
Para el buen profesional ( es decir, para quien maneja una Ética y después una Técnica ) lo importante es el Uno por Uno, el Caso por Caso. Es escuchar la demanda del paciente más allá de su decir y que el paciente vaya "abrochando" sus pensamientos ( lo que conocemos como "la ficha que cayó" ) y comprendiendo que en su discurso se va construyendo su deseo. Este Deseo, este Saber ( en principio Inconsciente ) lo irá tramando el paciente en el correr de su tiempo psíquico/lógico conjuntamente con su Analista.
 
Alguien puede darle causa de su padecimiento a muchas variables sociales, ya dijimos algunas: la medicina, el tarot. No está ni bien ni mal: es cuestión de transferencia hacia algo. No es solamente reconocer ese algo como mas o menos científico: de hecho la medicina está admitida culturalmente como un dato del empirismo-científico casi sin discusión, sin embargo no todos se curan con este método; e incluso muchos lo hacen con otros. Basta con leer a Claude LéviStrauss en su formidable capítulo sobre "La eficacia simbólica" para entender que cada cultura puede colocarle Saber a un ente específico; y que en esto es justamente donde radica la eficacia.    El hombre padece de ese símbolo privilegiado que es la PALABRA. El Análisis descubre que la clínica tiene sus efectos a través de dicha palabra.
El psicoanálisis, que intenta una terapéutica diferencial, privilegiando la Singularidad de Cada Caso; no es una ortopedia: no pretende arreglar tornillos ni promete la Felicidad, aunque de eso se trate en cada sesión. Como dirá Freud: "...la felicidad es un problema de la economía libidinal de cada individuo. Ninguna regla al respecto vale para todos." En cada Sesión el Analizante comenzará a darse-cuenta que su dolor está relacionado con su historia: podríamos decir, justamente, que de lo que se trata es de producir la propia historia, escribir -como diría Julia Kristeva- la propia novela.
Marcelo Augusto Pérez
www.psicocorreo.com.ar
http://www.psicocorreo.blogspot.com
     
     
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