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16.08.2013 por Lic Emilio Vignes Guerrero
En búsqueda de la sensación perfecta

Despojado de mis interlocutores, he tomado el compromiso de producir un texto sin diálogos explícitos al menos.

Cuando la psicología advino como ciencia, los primeros psicólogos buscaban decodificar en sus expresiones más ínfimas las emociones, sensaciones y sentimientos. Los laboratorios de psicología dedicaban todo el esfuerzo a esta titánica tarea de calzarle nombres a las emociones.

El camino era el correcto pero un poco largo para el estilo de hacer ciencia en los inicios del siglo XX. Los psicólogos de todo el mundo se dejaron arrastrar por la seducción de las proclamaciones del psicoanálisis y su prometido viaje al incc a través del lenguaje. Así varias generaciones de psicólogos se extraviaron hasta bien pasada la mitad del siglo pasado cuando se dieron cuenta que suponer que en el centro del Universo estaban los complejos de Edipo y Castración no conducía a ningún lado. Admito que aun hoy hay psicólogos que todavía no se dieron cuenta pero lo entiendo ya que persistir en ideas equivocadas es parte de la condición humana.

Los conductistas que siempre anduvieron más orientados gracias a su orden metodológico también perdieron el norte ya que el orden metodológico fue a expensas de restricciones inferenciales. Es decir, como no se permitían suponer, se quedaron con lo puramente observable, los estímulos, las respuestas y los reforzadores operantes. Las sensaciones no son visibles, solo algunas reacciones del propio sujeto ante sus sensaciones son visibles. Con lo cual, un sujeto puede experimentar distintas sensaciones ante estímulos similares y tener respuestas distintas frente a mismas sensaciones, de acuerdo a los contextos ambientales y biológicos de cada sensación y a la combinación de sensaciones entre sí.

Los cognitivos racionalistas, los primeros, se enfocaron tanto en el pensamiento y particularmente en la conexión entre creencias y comportamientos que perdieron de vista las sensaciones y con ello la piedra angular de la psicología.

Pero como la terapia cognitiva es enormemente flexible y autocrítica pronto advirtieron que les faltaba la pieza más importante del rompecabezas y dió origen a la terapia cognitiva posracionalista, dejando en claro que la mente del ser humano no se agotaba en la razón. Un poco lo que Freud vio en más allá del principio del placer, aunque lo que vino después fue peor de lo que ya había encontrado con su ridícula conceptualización de las pulsiones de vida y de muerte, que a cualquier lector oriental haría acordar al Yin y Yang. La dialéctica es bella, como todo el romanticismo alemán, pero cuando se pasa a los hechos nada se sustenta.

Pido anticipadas disculpas por referir constantemente al psicoanálisis, pero es la matriz de pensamiento de muchos profesionales y consultantes, y no hacer referencia a él sería dificultar más el entendimiento de este artículo.

Entonces, ¿cual es el ordenador de la mente humana? Debemos encontrar una respuesta que pueda explicar una extensa gama de conductas al menos. Los seres humanos buscan sensaciones, determinadas sensaciones. La pregunta natural y fundamental es como surgen esas sensaciones. Y la respuesta es que la sensación es una consecuencia de la percepción de estímulos internos y externos y como estos impactan en estructuras psicológicas y biológicas. Pasemos a un ejemplo antes de que se crispen los nervios de los más ansiosos por comprender. Empecemos por algunas adicciones para verlo con sencillez. Un sujeto persigue la sensación de paz, es decir, el estado en el cual no se advierten futuras amenazas, pero su mente le hace pensar de forma persistente que va a ser abandonado por su mujer. Trata de desalojar la idea de su mente pero en la medida que no logra deshacerse de ella, se convence más de la verdad de la misma, entonces destapa una botella de vino barato, sabe que no debería hacerlo, pero nada le ofrece una manera más directa de acercarse a  esa sensación de paz. El alcohol apaga los circuitos neurológicos que sustentan la idea del abandono y la persona llega a su divina paz. Pensemos en una mujer que siente ansiedad porque imagina que a sus hijos que han ido de baile les va a pasar algo malo. Entonces recuerda que ha sido una fiel practicante religiosa y que se ha privado de la gula y la lujuria sobre todo, y que Dios no le va a fallar con lo más preciado de su vida. Se tranquiliza pensando que sus hijos son cuidados por la omnipotente mano de Dios y logra dormirse.

En ambos casos vemos como determinados estímulos inducen estados emocionales. Los seres vivos se vuelven esclavos de las prácticas que generan estos estímulos que inducen estas sensaciones. Eso es lo que los seres humanos buscan, SENSACIONES, no estan orientados ni por la razón, ni por lo material, ni por lo espiritual, ni por el edipo.

Veamos un caso contrapuesto, para que vean que las relaciones entre estímulos, comportamientos y prácticas y sensaciones son privativas de cada sujeto. Una persona encuentra un maletin lleno de dinero en el asiento de un taxi, acude a la policia o busca a su legitimo dueño afanosamente y se lo devuelve. Experimenta una intensa sensación, la sensación del deber cumplido, la sensación de comunión con su moral. Otra persona ve a alguien en la calle con un maletin, se lo arrebata y sale corriendo. Experimenta la misma grata sensación, de haberse apropiado de lo ajeno, de tener mucho con poco esfuerzo, de haber superado un desafio. Ambos pueden llegar al mismo placer, a la misma satisfaccion por vias opuestas.

Cuando una conducta desemboca en una sensación de placer el sujeto tiende a repetirla y cuando esta repetición se torna excesiva se puede decir que este sujeto tiene una adicción.

Y si somos estrictos con lo que acabamos de decir podemos decir que todos somos adictos. La diferencia pasa por las distintas consecuencias que traen las diferentes adicciones. Los problemas económicos de un adicto al juego no son los mismos que los problemas para conseguir dolares de un adicto al trabajo.

Como habrán notado en estos ejemplos todas las sensaciones tienen su precio. El que devolvió el maletín puede ser tratado por su mujer de idiota, privada hace años de buenas vacaciones, el que se robó el maletín podria cruzar la calle apresuradamente y ser atropellado por un camión, menciono la posibilidad del accidente de tránsito por representar una amenaza más real para el ladrón que la policía.. La mujer que necesita de la mano de Dios tiene que privarse de los placeres viscerales de la lujuria y la gula. El hombre que empina el codo tiene que soportar la resaca del día siguiente y la continua degradación de su hígado y cerebro. Cuando el precio que paga un sujeto le reporta un sacrificio que es dañino para si o para tercero estamos ante un problema que requiere intervención, psicoterapéutica y o farmacoterapéutica. Cuando los problemas son para si se clasifican en el eje I del DSM4 y cuando son para terceros se clasifican en el eje II del mismo manual.

Alguien me podría cuestionar esta teoría de la búsqueda de la sensación placentera, poniéndome como contraejemplo la práctica masoquista. En este caso, la regla aplica igual que en los anteriores, el masoquista busca una sensación, generalmente en el dolor físico a través del castigo o dolor moral en la humillación, que le produce tanto placer como a otra persona el mismo acto sexual. Hay organismo que pueden transformar una experiencia dolorosa en placentera y convertir esa experiencia en objeto de culto. La anoréxica encuentra en el hambre, la privación y su anhelo de delgadez un placer similar al que encuentra el obeso en su atracón.

Sin aspiraciones reduccionistas afirmo que una persona es una secuencia de sensaciones que se encadenan unas a otras como las notas de una canción. Y que al igual que las notas cobran sentido en función de los contrastes que se generan cuando se contraponen unas con otras.

Por ejemplo, hay parejas cuya sexualidad alcanza su punto máximo después de una gran pelea, mientras otras no pueden tener relaciones si pelearon previamente. Algunas parejas adoran combinar la adrenalina con dopamina mientras otras no podrían soportalo si quiera, así como algunos paladares disfrutan lo agridulces mientras otros no lo toleran. No es solo cuestión de sensaciones de forma aislada sino de sus infinitas combinaciones y secuencias. Algunas de estas secuencias parecieran ordenadas por la cultura. No por nada a la comida y al sexo le sigue el tabaco, porque los organismos vivos nunca dejan de buscar la sensaciones. Pero en realidad son ordenadas por los estímulos químicos que estos actos y sustancias desencadenan en los organismos.

Pero no reduzcamos la perfección a la materialidad de la comida o el sexo, una idea puede brindar una sensación perfectamente orgásmica, por ejemplo cuando un militante de un partido imagina un mundo donde a los que les gusta trabajar (denominados capitalistas) compartieran sus riquezas con quienes no gustan del trabajo (paradójicamente denominados trabajadores). Y no es para menos, ya no habría necesidad de pelear por nada. Solo que si el hombre afecto al trabajo supiese que va a tener que compartir el producto de su esfuerzo con hombres perezosos, no sentiría una sensación perfecta ni mucho menos y probablemente elegiría no esforzarse. Entonces entramos en la dimensión social de las sensaciones y entendemos que la búsqueda de esta perfección es obstruida por la perfección distinta de un otro, o varios otros. Y aquí comienza la puja por las sensaciones, por eso luchan los hombres, por imponer su voluntad, es decir, su camino a la sensación perfecta.

Ahora que releo este artículo pienso que podría haber quedado mejor si hubiese contado con alguno de mis interlocutores y me siento invadido por una sensación de falta, y con ello me doy pie para el próximo artículo, y digo que los organismos no solo buscan sensaciones sino también que escapan a sensaciones.

     
     
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